Confesiones de un patriota odioso, pt. 4

Confesiones de un patriota odioso, pt. 4

Contra sus mentiras | Autor: | 24.9.2019

Los contextos históricos son importantes a la hora de tener que entender posturas y estrategias, sobre todo cuando se trata de lo político que, a diferencia de lo metapolítico, tiene que lidiar constantemente con la consecuencia y coherencia en la consecución del poder, mientras que lo metapolítico puede gozar de mayores libertades—sobre todo la libertad de poder cagarse en la corrección.

Al Rey de España había que quitárselo de encima, y si había que pactar con el diablo para eso, pues bien, se pactaba con él. La realidad puntual conducía a eso, y si bien el futuro no se desarrolló de la manera ideal que nos gustaría, quebrar al macropoder se hace imperativo cuando se aspira a la libertad e independencia. Es más fácil ser más libre cuando el poder se hace más pequeño, cuando se acorta la distancia con el poder y éste se vuelve local para responder a necesidades locales.

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Seamos sinceros: la vinculación de tipo nacionalista/hispanista con España conduciría a una especie de nacionalismo grandioso monstruoso y con características globalistas—un imperialismo más que un nacionalismo grandioso. Nacionalismo grandioso[1] sería unir a los pueblos europeos, mientras que la idea del Imperio Español era unir a pueblos distantes geográfica, cultural y genéticamente, no muy diferente a la expresión moderna de la actual civilización occidental, globalista y expansionista, que perdona únicamente a los países cuyos intereses estén en línea con los intereses de las corporaciones multinacionales, de manera de tener estos intereses protegidos. Esto es realpolitik.

Efectivamente, el proceso de independencia americano provocó que pueblos indígenas, poblaciones mixtas y criollos quedaran separados geográfica y administrativamente, confinados a unidades administrativas indiferentes al origen de los pueblos residentes dentro de los nuevos territorios, pero en constante luchas de hegemonías culturales, lo que ha provocado cierta esquizofrenia en las culturas de las naciones artificialmente formadas, además de conflicto y odiosidades propias de la diversidad humana.

No obstante lo anterior, y pese a que el escenario post-Independencia no fue uno precisamente ad hoc para el nacimiento de verdaderos nacionalismos pequeños[2], (es decir, etnonacionalismos), hoy en día puede existir un terreno fértil para el desarrollo de un pancriollismo real, consecuente, y que deje atrás las formas de la Independencia (y que también deje atrás a las banderas surgidas para simbolizar a las nuevas unidades administrativas étnicamente heterogéneas), pero que persiga el fondo del pasado, esto es, separarse del macropoder, de manera de crear lazos etnogenéticos paralelos a los estados-nación, para la conformación de futuros etnoestados en el Cono Sur, esta vez, provistos de un significado mayor, de cercanía, y también de un destino en común.

Notas.

[1] https://www.counter-currents.com/2015/02/grandiose-nationalism/

[2] https://www.counter-currents.com/2014/09/in-defense-of-petty-nationalism/

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