¿Por qué una Nación?

¿Por qué una Nación?

Ce qu’il nous reste à nous tous à faire c’est le devoir de nous définir tout d’abord comme héritiers de la mémoire européenne, même si nous vivons hors d’Europe, même en Australie, au Chili, ou en Amérique et même sur une autre planète.  Force est de constater que nous tous « les bons Européens » au sens nietzschéen,  nous pouvons changer notre religion, nos habitudes, nos opinions politiques, notre terroir, notre nationalité, voir même nos passeports, mais nous ne pouvons jamais échapper à notre hérédité européenne. [1]

Tomislav Sunic, “L’occidentalisme contre l’Europe.”

Por todos ya es conocida la especial naturaleza del objetivo de FNI: la generación de una Nación Criolla. Por tratarse de un proyecto nuevo es natural que surjan ciertas preguntas:

– ¿Es realmente necesario generar una Nación?

– ¿Vale la pena organizarse para conseguirlo?

– ¿No será un simple capricho ideológico para evitar hacerse cargo de problemas más importantes?

La decisión de generar una nueva Nación ha sido adoptada tras comprender la realidad a la luz de nuevos paradigmas que nos han llevado a las siguientes conclusiones:

1. LA CRISIS DE LA MODERNIDAD.

 

Hemos anticipado la inminente crisis que pondrá fin a nuestra época. Hemos comprendido que la Modernidad ha creado y conservado los factores que conducirán a su propia destrucción, y con ello, de las naciones y ecosistemas. Las ideologías del Sistema se han negado a proponer un modelo que sustituya a la Modernidad, conformándose con parchar paupérrimamente sus contradicciones en lugar de corregirlas de raíz.

El desastre a nivel económico, militar, ecológico, alimentario, sanitario y étnico es inminente. Ante esto, sólo permanecen indiferentes las mentes conformistas, aquellas que viven en paz mientras el dinero y su rutina semanal permanezcan inalterados. Por nuestra parte, sólo contamos con tres posibles actitudes a adoptar frente a este problema:

1. Ignorarlo deliberadamente y “disfrutar” de nuestras vidas.

2. Intentar solucionarlo con acciones políticas y sociales ineficaces, pero que nos mantendrán ocupados y con la falsa convicción de “estar haciendo algo útil”.

3. Aceptarlo, y prepararnos integralmente para hacer frente a los tiempos difíciles.

La primera alternativa es seguida por la gran mayoría de la población. La segunda es seguida por los distintos partidos y movimientos reformistas y “revolucionarios” de Izquierda, Derecha, y terceroposicionistas. La tercera alternativa es seguida por nosotros… y nadie más.

Nuestra alternativa no debe ser entendida como una capitulación a priori frente a la hegemonía del Sistema. Algunos se pensarán capaces de tomar el control político del Estado, romper con el Sistema, y salvar a Chile de los efectos que desatará la gran crisis de la Modernidad. Ellos no son más que románticos infantiles que dan mala reputación al legítimo idealismo; simples soñadores que pretenden participar en una guerra sin siquiera contar con armas reales.

No es falta de voluntad, al contrario, se trata de aprovechar al máximo nuestras verdaderas posibilidades de éxito trabajando por un objetivo acorde a las herramientas con que actualmente disponemos. Ya no se trata de ganar elecciones, obtener militantes, acaparar dinero, u otros objetivos mediocres. Y es que en un tiempo no muy lejano se decidirá la supervivencia de los nuestros, y sólo dependerá de nosotros que para ese evento vital contemos con los medios necesarios para vencer el gran desafío.

Dado este escenario: ¿qué es lo primero que debemos hacer para enfrentar los tiempos que se avecinan? Respuesta: unificar y organizar a nuestra gente.

Sin embargo, no debemos enfrentar la crisis de la Modernidad valiéndonos de conceptos y valores que fueron causa y efecto de ella misma. Nacionalidades jurídicas, ideologías, partidos políticos, sindicatos, clases sociales, religiones y sus derivados, todos se

encuentran infectados por la Modernidad; así mismo, todos fracasaron intentando cohesionar a los grupos humanos, y si alguna vez lo consiguieron, hoy se muestran.

Nuestra unión debe fundarse en vínculos diferentes, y de allí surge nuestra propuesta: la Identidad.

Nacida de la Naturaleza misma por interacción constante entre la Sangre y el Suelo – la herencia genética y el medioambiente – es ella el vínculo unificador que ha permitido a los pueblos enfrentar y superar sus constantes desafíos.

De una nacionalidad jurídica es posible desprenderse cambiándola por otra; de una ideología es posible decepcionarse y mudar; de un partido político o sindicato es posible desafiliarse; de una clase social es posible desvincularse por incremento o pérdida de poder económico; de una religión es posible abjurar. Todos estos vínculos artificiales se encuentran sujetos al capricho humano, y todos serán rotos en el momento en que la Modernidad colapse y los hombres intenten aferrarse a la vida.

La Identidad, en cambio, nos une a nuestros semejantes desde que nacemos hasta que morimos. Comienza y termina con la vida de cada uno de nosotros. Podemos ignorarlo, incluso odiarlo, pero persiste hasta el fin de nuestros días, y es que la Identidad hunde sus raíces en lo más íntimo de nuestro ser.

La fuerza de este vínculo nos lleva a reconocerlo como eje para organizarnos y enfrentar la crisis de la Modernidad. La Identidad fundará una solidaridad real entre seres humanos, un verdadero amor al prójimo que no es universal, sino que fiel a su sentido original (prójimo = próximo). Es mediante la colaboración recíproca entre los nuestros que encontraremos la fuerza necesaria para superar unos tiempos a los que el resto de los habitantes de Chile no le interesa prepararse, e incluso, ni siquiera conocer.

 

2. UNA NUEVA REALIDAD.

Otra de las razones que nos mueve a desear una nueva Nación descansa en una diferente forma de razonar los cambios necesarios en Chile.

La visión materialista de la Modernidad lleva a las personas a no concebir cambios generales posibles sin la previa intervención en el entorno. Según ellos, cambiar el entorno (causa) sería la clave para luego generar mejores personas (efecto).

Sin embargo, tanto la materia inerte como las teorías son incapaces de autodeterminarse a sí mismas. Ambas crean situaciones justas o injustas según lo que el ser humano haga con ellas, ya que sólo éste es capaz de darles algún sentido. Entonces, ¿por qué obsesionarse con intervenir factores que por sí mismos no son responsables del actual estado de cosas?

Si en el interior del ser humano radica la principal razón de la inminente crisis global, no hay razón para desviar la mirada hacia otras supuestas causas, y por esta razón es a él a quien deben dirigirse las críticas e iniciativas de transformación.

En otras palabras, hemos invertido el razonamiento de la Modernidad: afirmamos que mejorando primero al ser humano, crearemos luego mejores entornos.

La gran mayoría de la población está de acuerdo en que Chile precisa transformaciones urgentes, sin embargo, de la extensa lista de propuestas de cambio ninguna se atreve a mirar de frente la causa de los males. Si nos reconocemos disconformes con dicha obra, no debemos remedar superficialmente los errores para continuar proyectándolos hacia el El ser humano es una amalgama de factores biológicos, psíquicos y culturales. Si realmente se requiere una transformación en el ser humano, necesariamente deberá intervenirse en cada uno de estos factores; de otro modo, la transformación será meramente parcial, contribuyendo así a que se conserven tanto el autor como su obra

Tanto el Estado como sociedad de Chile son obras de un específico tipo humano, y mientras éste se mantenga inalterado, ambos se perpetuarán indefinidamente. Para que en Chile operase un verdadero cambio general debería desplazarse a este viejo tipo humano y proceder a sustituirlo por otro nuevo, idóneo para generar una diferente y mejor realidad.

No es coherente exigir mejoras a otros cuando nosotros mismos no hemos sido capaces de llevarlas a cabo antes, así como tampoco es correcto trabajar a favor de otros cuando nuestros propios pares necesitan de nuestra ayuda. En ese sentido, nuestra contribución a la sociedad consiste en mejorar la parte de ella que corresponde a nuestra gente: los criollos.

Ya que nuestro movimiento tiene un compromiso con la protección de los intereses criollos, es respecto de ellos que anhelamos la necesaria transformación bio-psicocultural.

Por esta razón, la única forma en que los criollos avancen hacia una mejor forma de vida y a una ampliación de sus posibilidades de supervivencia, es que primero experimenten una transformación interna que les permita mejorar sus propios entornos.

El gran desafío de esta transformación criolla es la generación de una conciencia colectiva que devenga en una nueva y verdadera Nación.

 

1. Nuestro deber es definirnos primero como herederos de la memoria Europea, aunque puede que vivamos fuera de Europa; en Australia, Chile y Estados Unidos, o en otro planeta. Uno debe admitir que todos nosotros “buenos europeos” en el sentido nietzscheano de la palabra, podemos cambiar nuestra religión, nuestros hábitos, nuestras opiniones políticas, nuestra tierra, nuestro territorio, nuestra nacionalidad e incluso nuestros pasaportes.
Pero nunca podremos escapar de nuestra herencia europea.

Tomislav Sunic, “El Occidentalismo contra Europa”.

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