Un blanco vacío

Un blanco vacío

 

No queda más que un blanco vacío, y los recuerdos esparcidos por doquier.

Y esas recurrentes imágenes de casi niños sobre tanques de acero, o en las trincheras del viejo Sur: este final tan poco wagneriano es como un extraño sueño…antes de la nada.

Esta disgregación donde muy pocos resisten como lobos heridos, concitando el desprecio de las masas.

No queda más que un pelotón de héroes sobre un manto de nieve y de recuerdos blancos.

Solitarios cada vez más solitarios, indefensos niños que ya no son como aquellos niños de los panzer y de las trincheras.

Los amables esclavos tampoco serán perdonados aunque crean que sí, porque son portadores de un color milenario y luminoso, muy difícil de ocultar aunque se lo quiera negar.

Blancas noches de niebla y de tambores. Ya no quedan bosques donde ir. Ya no hay montañas sagradas ni cuevas secretas. Ya no es tiempo de senderos protectores.

Solitaria resistencia. Soledad de los últimos defensores de una ciudadela sitiada. Negados por sus parientes más cercanos. Perseguidos palmo a palmo por la aberración y la demencia. Vacío de hombres lleno de unos pocos dioses invisibles.

La guerra es como una flor de cerezo, que estalla en un sublime instante antes de caer. Niños sin protección alguna. Noches de oscuras bestias. Mujeres asustadas y ancianos que añoran sus veteranas luchas perdidas.

Ruta del vacío, sin luz y sin tambor. Aurora que espera un final anunciado. ¿Cuánto más debemos ver, antes de comenzar nuestra justa venganza?

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