El feminismo

El feminismo

Como todos los “ismos”, el feminismo es una ideología moderna. Debemos tomarlo en este contexto. Es una ideología de los estados opresores, que se impone mediante leyes hechas por hombres y por pelotones de policías armados, que son también hombres. Pero también muchos rebeldes se creen que lo son porque se drogan: así es el mundo moderno.

En la historia, la mujer ha ocupado diversos lugares. En el paganismo indoeuropeo por ejemplo, como una cosmovisión natural que no existe sin esa idea de lo femenino. Luego vinieron los abrahámicos con su tesis anti natural y opresiva de la mujer, lo que hoy vivimos es en gran parte consecuencia de eso.

Por más que nos identifiquemos con la antigua cosmovisión indoeuropea, debemos admitir una dinámica en el tiempo, y un rol de la mujer más avanzado. Está muy bien que así sea.

Lo pagano no quita un nivel de cultura en los grupos humanos. Cada paganismo está a la altura de una raza y una cultura. Hay culturas tribales espantosas con las mujeres.

Lo que ocurre hoy no es un avance de las mujeres, sino un retroceso de los hombres. El vacío interior de los hombres los inclina a la autodestrucción. Se feminizan para no afrontar sus responsablidades, se entregan al feminismo porque su costado femenino es el que prevalece. Y no hablo de homosexualidad masculina, sino de una actitud psicológica más allá de lo sexual.

El nihilismo, el alcohol, la droga, el materialismo: no son peores que el feminismo. El macho que sobreactúa de macho sin autodisciplina, es parte de lo mismo. Un hombre borracho es también feminismo, ya que deja de ser hombre mientras está alcoholizado.

No es la mujer la que aborta, es el hombre el que busca placer con mujeres que abortan. No es la mujer la que somete al hombre, es el estado con sus medios represivos. La misma reacción contra el feminismo, es una reacción que no es de hombres. Un hombre seguro y bien plantado no necesita rasgarse las vestiduras. Si las leyes quitan derechos a los hombres, es sólo porque ya no hay hombres.

Quejarse no es de hombres. Someterse a los dictados del estado opresor, tampoco. El feminismo y el estado tienen el monopolio de la violencia, porque el hombre blanco ya casi no existe, y porque el peor enemigo del hombre blanco son sus congéneres blancos. Lo demás son excusas.

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