¿Todo es violencia? No jodan

¿Todo es violencia? No jodan

Contra sus mentiras | Autor: | 20.10.2016

No soy tan viejo ni tampoco ando añorando tiempos pasados (como los tiempos de mis abuelos, que deben haber sido aburridísimos, por cierto), pero puedo hablar de mí mismo como perteneciente a una generación no muy dorada ni brillante ni muy distinta a las anteriores, donde un clásico combo en l’ocico o una decidora pat’a en el culo eran violencia.

Podríamos perfectamente decir que la sociedad está basada en tramas de violencia o amenazas de violencia, necesarias para mantener la paz ya que el contrato social, cuando no es compartido realmente por la totalidad de sus integrantes, tiende a tambalearse cuando el poder es capitalizado y sus perjuicios socializados, es decir, la pesadilla del NAP (principio de no agresión, por sus siglas en inglés). Esta violencia se ejerce o se promete, y casi podríamos hacerla un sinónimo con el poder o, al menos, una manifestación del mismo, su manifestación más básica: antes que el oro, antes que las influencias y las redes de contacto, el poder del hacha y la espada regían a sus anchas en este mundo. Podrás sucumbir ante el dinero, o puede que tus ideales sean tan férreos que puedas resistirte a eso porque no te golpean directamente, pero un golpe en la cara, un disparo o la promesa de la cárcel es algo que es seguro que vas a sentir.

Las manifestaciones violencia y las promesas de violencia se hacen sentir en todas las tramas de la sociedad, y así podríamos decir que la violencia baña e impregna a la sociedad completa. Y entendíamos que recibir un golpe era violencia, y una amenaza verbal no era violencia, pero prometía serlo. La amenaza, esa advertencia, era el cheque en garantía del pago del “precio en hierro”, como diría el concepto de los seguidores del Dios Ahogado.

Hoy, todo es violencia.

Nuestros estándares de violencia han bajado, al punto que cualquier cosa hoy en día es tildada de violencia. ¿Eres pobre? Es la violencia que el capitalismo ejerce sobre ti. ¿La cruz de Cristo ofende tus valores (o la falta de ellos)? Violencia simbólica que proviene de una religión opresora. ¿Vas al estadio y el equipo contrario entona cánticos que te ofenden y cuestionan tu condición de persona humana? Violencia. Violencia. Violencia. Nadie te ha tocado, pero te sientes infinitamente violentado por un sistema terrible donde no eres nada sino un robot sin alma en Gulags de producción que sólo llena los bolsillos de unos pocos.

Eres un llorón, deja de quejarte.

Y no, que los tiempos hayan cambiado no significa que tengas que cambiar y volverte hipersensible. En términos evolutivos, no deberías diferenciarte mayormente de tus ancestros del Paleolítico. Pese a todo lo que diga la propaganda de la Izquierda, no te diferencias de los “cavernícolas” más que en la ropa que usas y en el respeto que guardas respecto a tus pares desconocidos en la sociedad moderna (porque, en “las cavernas”, sólo compartías con la gente de tu tribu, no con miles y miles de seres humanos que no conocías y muchos menos te importaban), entonces, ¿por qué crees que estás evolucionado? Y, otra pregunta, ¿Porque te sientes evolucionado te has vuelto tan sensible?

Que bajen los estándares de la violencia, junto con transformarte en una plañidera hipersensible que nació a partir de una relación amorosa entre la Histeria y el Llanto, modifica la percepción de la realidad para las futuras generaciones. Creerán que han nacido en un entorno lleno de la más terrible violencia, lo que los llevará a una especie de empatía universal con otras sociedades violentas. “Vivo en un país que me violenta, mi deber es solidarizar con ciudadanos de otros países violentos”. ¿Resultado? Importaciones solidarias de refugiados provenientes de países violentos.

El gran problema de estas futuras generaciones violentadas (que no recibirán jamás un golpe ni amenaza de violencia), es que al “bajar la escala” de la violencia, es decir, considerar como violencia a toda conducta o manera que pueda remotamente contener algún tipo de uso de la fuerza sobre un individuo (o lo que quiera que signifique eso), la capacidad homeostática de la sociedad hipersensible colapsará bajo el influjo de individuos familiarizados con estándares de violencia explícita muy altos y que no se destacan precisamente por llorar ante una violencia que no es tal. En efecto, al estar acostumbrados a altos estándares de violencia, su resistencia y adaptabilidad ante situaciones extremas es mayor a la de la población huésped, lo que deja a esta última en una clara desventaja.

¿Consideras que éste es un país violento? Échale una mirada al siguiente gráfico, y luego date con una piedra en el pecho por vivir en un país así de violento. Y piénsalo dos, tres e incluso más veces cuando quieras avalar la entrada de gente de ciertos países.

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