Los rasgos hablan más fuerte que la cultura

Los rasgos hablan más fuerte que la cultura

Extensión: 616 palabras.

Lo que nosotros llamamos «raza» es una invención no de la naturaleza, sino de nuestras instituciones y prácticas sociales. [1]

Joseph L. Graves.

Las diferencias raciales históricamente han desembocado en violencia, odio, dominación y otros tantos flagelos que nos gustaría ver erradicados. Sin embargo, estas diferencias preceden al odio y la dominación, y no son consecuencia de dichos flagelos, pese a lo mucho que se esfuercen los igualitaristas en hacernos creer:

A pesar de lo que nos han enseñado, a pesar de lo que parecemos ver, la raza no es gravedad. Es una construcción social, un mito al servicio de la dominación social. [2]

Hace bastante poco,  a través de las cosas compartidas públicamente en facebook, pude toparme con algo que llamó gratamente mi atención:

(sic)

Hace 10 dias atras, me presente en la oficina del registro civil para la renovacion de mi cédula de identidad, y el funcionario que me atendio me pidio que me saque el trarilongko, a lo que yo respondí: «si viene una monja, le hace sacar el habito?», y e aqui el resultado…

Como defensor de las identidades de los pueblos, es decir, de la verdadera diversidad humana, por supuesto que aplaudo esta acción. No tenemos por qué avergonzarnos de lo que somos, y ante un mundo que no quiere detenerse hasta conquistar y homogenizarlo todo en un solo gran borrón, acciones como ésta son las que hacen la diferencia. No hago uso de la palabra diferencia como un mero dicho, sino como un pilar: en la diferencia está la máxima apostasía contra el mundo moderno e igualitario.

Pero si bien el trarilongko puede asociarse de inmediato como un ornamento característico del pueblo mapuche, lo cierto es que el hábito no hace al monje, y el señor de la fotografía perfectamente pudo haber posado sin el mencionado cintillo y aún seguir siendo considerado mapuche. El problema radica en que la sociedad es bombardeada desde la Academia con falacias que pulverizan toda idea de diferencia entre los pueblos, obligando al ojo humano a ver a todo como igual, idéntico, donde la única diferencia estaría determinada por la cultura, es decir, por las construcciones humanas.

Haciendo un ejercicio parecido, decidí fotografiar mi fotografía de la cédula de identidad. El resultado es como sigue:

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Sinceramente, mi fotografía puede ser relacionada con la de un occidental de primera, segunda y hasta de tercera mano, y aunque vista un trarilongko, no seré más que un occidental de primera, segunda o tercera mano vistiendo un trarilongko, y es que los rasgos hablan más fuerte que la cultura, y aunque vistamos a un ser humano con una apariencia artificial (es decir, la cultura) ajena a él, no lo construiremos en base a su apariencia artificial, o en base a su idioma, ni en base a la cultura que lo rodea. El señor con trarilongko de la fotografía es mapuche no por su cintillo, ni porque hable mapuzungún ni porque viva rodeado de mapuches, el señor es mapuche en base a sus genes, los que se expresan en su inconfundible fenotipo.

Sin importar el ropaje cultural que el ser humano pueda vestir, hay algo que viene antes de eso, y ese algo –la raza– está otorgado por la naturaleza. Pues es la cultura la que procede de la diferencia que otorga la naturaleza, y toda idea de la diferencia –manifestada a través de las razas humanas– como una mera construcción social, se hace pedazos cuando vemos algo tan sencillo y cotidiano como un rostro.

Sí, claro.

1. Graves, J. 2002. The Emperor’s New Clothes: Biological Theories of Race at the Millennium. Rutgers U Press.

2. Graves, J. 2005. The Race Myth: Why We Pretend Race Still Exists in America. Plume.

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