Resistiendo la furia de Lulú: en defensa del Club de Toby

Resistiendo la furia de Lulú: en defensa del Club de Toby

Contra sus mentiras | Autor: | 6.11.2016

En mi teléfono existe un grupo de chat llamado «Club de Toby» (castellanización de «Tubby and his Clubhouse Pals», personajes aparecidos en los cómics y dibujos animados Little Lulu), donde ocurren cosas tan intelectualmente elevadas como coordinar idas a la playa (de hecho, ayer tuvimos una), salidas a comer pizza, intercambiar videos y atestiguar cómo el negro de whatsapp se ha vuelto hegemónico. No me siento culpable por ninguna de las estupideces que digo allí y, en efecto, tampoco me arrepiento. Es un espacio de hombres para que hombres digamos lo que se nos ocurra en nuestras brillantes mentes.

Recientemente, noesnalaferia publicó una columna acerca de lo nocivo que es tener un grupo de estas características, y cómo me hago parte de un sistema que oprime a las mujeres.

Siempre que exista un grupo de hombres se le catalogará de machismo, cualquiera sea la instancia de conversación. Eso no es nada nuevo, y es que por medio del lenguaje ahora podemos atestiguar que muchas cosas que ni idea teníamos que fueran machismo, lo son.

Masculinidad no es sinónimo de misoginia ni homofobia, pero las bromas de ese carácter entre hombres para referirse a otros hombres es algo absolutamente cotidiano, donde todo lo que no sea de hombre (con todos los clichés que eso implique – sí, somos básicos y no nos importa) puede servir para hostigar a otros hombres. De ahí nacen apodos como “monjas”, “madres” y “zorras”, no porque quiera adscribirse algo  negativo a la mujer por ser mujer.

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Probablemente, haya un sinfín de prácticas que, directa o indirectamente, alimente al patriarcado aunque, bajo la misma retórica, hasta las prácticas que son anti-patriarcales podrían ser consideradas como alimento del patriarcado. Todo depende del enfoque que se le dé, y manipular el lenguaje es algo sumamente fácil. Sin ir más lejos, puede decirse que la hipergamia femenina es una forma de capitalismo genético; sin embargo, como se le considera que es parte de la psicología femenina no es atacada, aunque ello signifique una discriminación brutal de los hombres en términos de una posición o puesto de poder en alguna manada. Aún con revolución/liberación sexual, el igualitarismo no ha llegado tan lejos y la selección sigue siendo un privilegio femenino que ninguna estaría dispuesta a renunciar, y podemos ser testigos de cómo a algunos, a pesar de todas las frases motivacionales y que llenan el alma de una dulce miel de autoestima, sí “les falta Dios”.

Crucé una calle que fue asfaltada por hombres a comprar en un negocio cuyo sistema económico fue forjado por hombres blancos. ¿Alimenta eso también al patriarcado, lo avala? ¿Existe violencia implícita y simbólica en mi acción? ¿Y si el negocio hubiera estado atendido por una mujer, qué? ¿La hubiésemos considerado una víctima sumisa del capitalismo patriarcal? Un tema de enfoque y justificación.

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Arolas Uribe, la columnista de noesnalaferia, juega la carta de la desigualdad sexual.

En las recientes manifestaciones por la causa #Niunamenos, pudimos atestiguar lo soez, brutal y violento (en términos puramente lingüísticos, claro) de las expresiones y dichos proferidos por algunas activistas. Pudimos ver cómo se llamaba a la castración masiva, exterminación, cercenamiento y mutilación de machos (palabra usada con connotación absolutamente negativa, claro ejemplo de la manipulación del lenguaje), del capital y del estado, sin causar más revuelo que el que causa una protesta, sin nadie reparar en la extrema desfachatez para desplegar un lenguaje ampliamente agresivo y ofensivo. Historia distinta hubiera sido si un grupo de hombres hubiera decorado las paredes con un llamamiento a la ablación, golpizas y sumisión femenina. En efecto, se hubiera acudido al mismo estado para perseguir a todos aquéllos que lanzaron las amenazas a un sexo completo. Tal como dice explícitamente Uriba, como “no es una batalla entre iguales, sino entre personas que no gozan del poder de igual forma en la sociedad”, se justifica el lenguaje agresivo de las mujeres (indígenas primero, mestizas después y finalmente blancas) porque están en una posición de poder inferior. En efecto, ningún hombre entabló ninguna acción legal por los rayados, ya sea que por el privilegio de nacer hombres están ubicados dentro de algún lugar seguro de la estructura social, o sencillamente porque se trataba de amenazas que, en ausencia del despliegue de la violencia por parte del estado, son vacías.

Entonces, es perfectamente válido que las mujeres envíen fotos de hombres en sus grupos de chat de mujeres, es perfectamente válido que hablen en términos despectivos de los hombres y es perfectamente válido hablar cosas de mujeres y excluir a hombres. Al mismo tiempo, no es válido que los hombres envíen fotos de mujeres sus grupos de chat de hombres, no es válido que hablen en términos despectivos de las mujeres y no es válido hablar cosas de hombres y excluir a mujeres. Por supuesto que no es válido pues ambos grupos no tiene una relación horizontal de poder.

Siempre pensé que los hombres veíamos imágenes de mujeres porque las encontrábamos atractivas, de la misma manera en que las mujeres ven a hombres pues los encuentran atractivos. Ahora, según el artículo, me doy cuenta que lo hago para perpetuar el machismo, a pesar de no pertenecer a ningún grupo de poder político ni económico y, es más, aún no importándome en lo absoluto si las mujeres escalan o no posiciones dentro de la estructura social. Creo que si alguien tiene las competencias para un puesto entonces lo merece, sea hombre o mujer. Pero no, miro a las mujeres porque las encuentro inferiores, y así puedo asegurar el dominio eterno de los hombres, porque dios así lo quiso, porque dios también es hombre.

Entonces, ¿qué hacer? ¿Borrar todos los grupos de chat exclusivamente de hombres para evitar que alguna mujer en este mundo se sienta ofendida por estar excluida de ese espacio? ¿Invitar a una mujer para que sea moderadora y tenga la facultad de censurar los profundos temas que allí se discuten? ¿Un 1984 que sólo sea aplicado en hombres-adultos-blancos-héteros? Francamente me parece una estupidez soberana, pero si lo digo corro el riesgo de ser catalogado de abusador pues, como soy hombre-adulto-blanco-hétero, estoy en el grupo de privilegio, lo que me deja en desventaja a la hora de dar a conocer mi opinión.

¿Pero qué tipo de ridiculez es ésta?

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