El gran sabotaje

El gran sabotaje

Contra sus mentiras | Autor: | 7.9.2013

Estamos en vísperas de un nuevo 11 de Septiembre, y mientras la televisión y los diversos medios oficiales y alternativos de comunicación reventaban los cauces informativos con interminables noticias relativas al golpe y la dictadura (léase “pronunciamiento” y “régimen” para las momias mariconcitas) refiriéndose a lo que significó tanto para la Izquierda como para la Derecha, de pronto una ignorada aunque lógica interrogante me surgió: ¿Y qué significaron estos hechos para Nuestras Ideas?

Respuesta: un perfecto sabotaje.

Y es que las ideas nacionalistas y patriotas tuvieron la lamentable suerte de servir de barniz ideológico para recubrir la violenta imposición del neoliberalismo en Chile. Mientras se asesinaba y torturaba a los disidentes políticos (reconozcámoslo: envidiable lujo de pocos pero profundo anhelo de todos), “Orden”, “Patria”, y “Nación” protagonizaban el discurso de los políticos y militares que dirigían el gobierno; lo cierto es que por más que de la boca para afuera se proclamase la primacía de los intereses de Chile, lo cierto es que a la “nación” se disparaba y a la Patria se le privatizaba. Ésta fue la metodología a aplicar durante 17 años, suficiente tiempo para desprestigiar completamente cualquier ideología fundada en los conceptos utilizados por los arquitectos del nuevo Sistema, y educar a una generación completa bajo dicho desprestigio.

El gran vencedor, como no podía ser de otra forma, fue la Derecha, que junto con barrer al Marxismo por 17 años (cosa que tampoco hizo lo suficientemente bien), generó una fuerte  y permanente aversión social hacia las ideas alternativas, nacionales, o terceroposicionistas. Tras la reinstalación del puterío político (léase “retorno de la Democracia”), el nuevo ente social había sido finalmente parido: un pueblo totalmente entregado al discurso de la izquierda (tanto marxismo leninista como cultural), el único que le parecía ser una legítima alternativa ante el engendro político nacido del mestizaje ideológico entre neoliberalismo y nacionalismo. Así hemos seguido hasta nuestros días, donde la sociedad chilena se decepciona de los partidos y candidatos de la izquierda, mas no de la izquierda en sí. Si los representantes le fallan, buscará a otros que la representen mejor, pero no estará dispuesta a renunciar a dicha matriz ideológica.

Así, cada día está más cerca este nuevo 11 de Septiembre, donde la izquierda le tironea la lengua a sus enemigos para que a regañadientes pidan perdón, y donde la Derecha – la única vencedora en el golpe – se acobarda en admitir su aprobación a lo que en su momento consideró justo, y es que la consecuencia es un estorbo a la hora de darle el gusto a los votantes en año de elecciones.

En Chile hay nacionalistas y patriotas que celebran el 11 de Septiembre como una victoria contra el Marxismo. Cuando se les critica diciendo que dicho gobierno instaló el neoliberalismo y a una cúpula judía en sectores estratégicos, manifiestan sus reservas en cuanto a que “sólo rescatan la lucha contra el Marxismo, no la conducción político-económica”. Maniobras discursivas hay para todos los gustos, especialmente cuando están dirigidas por la nostalgia, que ante todo es un sentimiento, y por tanto, puede convivir perfectamente con las más brutales contradicciones a la razón más básica.

Lo diré con todas sus letras, aunque sea el único aguafiestas en esta orgía de chupamedias pseudos-nacionalistas: el 11 de Septiembre no solamente significó la derrota del Marxismo, sino que comienzo del gran sabotaje ideológico contra el avance de las ideas terceroposicionistas.

Pero usted ya sabe, siempre es mucho más fácil hacerse el tonto y seguir celebrando.

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